Pantallas en las infancias: de la información a la acción
- Mery Lehmann
- hace 2 minutos
- 2 Min. de lectura

Las pantallas calman. Resuelven. Nos dan tiempo libre… Se han convertido en un chupete digital cuando hay que cocinar, trabajar, esperar, viajar… Sin embargo, la pregunta sigue siendo ¿cómo acompañamos cambios reales y sostenibles para una desconexión digital?
El reciente informe del World Bank sobre tiempo frente a pantallas en las infancias pone números y evidencia a algo que se viene hablando entre las familias y los ámbitos educativos: las pantallas inciden negativamente en el aprendizaje, en el desarrollo cognitivo y en las relaciones sociales…sin embargo, cada vez se usan más.
Hace un tiempo, La Generación Ansiosa de Jonathan Haidt puso en la mesa datos sobre cómo las redes sociales afectan a los jóvenes, promoviendo ansiedad, depresión, aislamiento. Ahora la evidencia y datos sobre el uso de pantalla en la primera infancia se convierte en el nuevo desafío de intervención y acompañamiento.
Algunos de los resultados de las investigaciones del Informe:
Más tiempo de pantalla, menos desarrollo del lenguaje.
Más exposición, más dificultades atencionales y de autorregulación.
Pantallas en la noche, peor sueño.
Y un concepto clave: tecnointerferencia. Cuando el adulto divide su atención entre el celular y el niño, se interrumpe ese ida y vuelta que construye cerebro, vínculo y autoestima.
Estrategias para acortar el tiempo en pantallas en las infancias
Ahora bien…Casi todos los adultos cuidadores sabemos que el exceso de pantallas no es bueno. Pero ¿por qué el uso sigue creciendo? Una pregunta que me interpela e invita a reflexionar profundamente. El Informe aporta estrategias de intervención para reducir la brecha entre la intención y la acción y propone algunos “pequeños hábitos” para empezar a acompañar esta nueva realidad que nos atraviesa y que nos afecta a todos, especialmente a los más pequeños en sus etapas de desarrollo inicial.
Acuerdos familiares visibles sobre horarios y zonas sin pantalla.
Comidas libres de dispositivos.
Programas de préstamo de libros y juegos.
Espacios de conversación entre familias.
Planes familiares y con alternativas lúdicas y accesibles.
Comunidades de familias y Escuelas que se acompañan y generen acuerdos de uso conjunto.
A su vez, en las escuelas se están volviendo a limitar dispositivos porque se entiende que el distractor es demasiado potente. Pero si eso no va acompañado de trabajo con las familias, el efecto es parcial. No se trata de demonizar la tecnología, sino de proteger el desarrollo en las etapas donde el cerebro necesita, sobre todo, interacción humana, juego libre, conversación y descanso.
La conversación ya no es si la tecnología está o no en nuestras vidas. La conversación es cómo diseñamos, regulamos y contextualizamos el uso de pantallas y dispositivos para proteger lo más valioso: el desarrollo integral de niños y niñas.
Sabemos mucho, cada día más…Ahora es momento de actuar, y eso solo es posible en comunidad.
¿Tienes algún comentario, estrategia, acuerdo que te gustaría compartir?