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Las respuestas sobran: lo que nos dejó la Digital Learning Week de UNESCO sobre IA y el futuro del aprendizaje

Foto del escritor: Joaquín Varela - Eidos Global
Joaquín Varela - Eidos Global
hace 5 días
6 min de lectura
Unesco Digital Learning Week
Suwaiba Said Ahmad, Minister of State for Education, Nigeria; Valtencir Mendes, Chief of Education, UNESCO. Moderador; Rodolfo De Carvalho Cabral, Vice Minister of Education, Brasil; Stefania Giannini, President of Government Relations and Research, Efekta Education; ex Assistant Director-General for Education de UNESCO; Pat Yongpradit, General Manager, Global Education and Workforce Policy, Microsoft.

Durante la última semana, los pasillos y salas de UNESCO en París se llenaron de una pregunta que, de una forma u otra, aparecía en casi todas las conversaciones: ¿estamos logrando aprovechar la inteligencia artificial para potenciar la educación?


En representación de Eidos Global, tuve la enorme satisfacción (y responsabilidad) de participar de la Digital Learning Week 2026 junto a organizaciones internacionales, gobiernos, educadores, investigadores y empresas tecnológicas. Cada una, desde su lugar, intentando moldear una conversación que ya no es nueva, pero que sigue exponiendo las dificultades que tenemos para convertir el enorme potencial de esta tecnología en mejores experiencias de aprendizaje.


Fui a conocer en profundidad hacia dónde se están moviendo las conversaciones globales sobre inteligencia artificial y educación. También a compartir lo que desde Eidos venimos aprendiendo después de 18 años de diseñar e implementar experiencias educativas en América Latina. Y, por supuesto, a trasladar al equipo de Eidos, y a nuestros aliados, una pregunta necesaria: ¿qué tenemos que hacer diferente nosotros?


Volvimos (y por un momento paso a hablar en plural, porque esta experiencia es sin duda una representación colectiva de un gran equipo de trabajo) con aprendizajes, pero también con desafíos mucho más concretos.


Una inflación de respuestas correctas


Presencié y confirmé algo fascinante que está sucediendo frente a nosotros.

Durante buena parte de la historia de la educación, encontrar una respuesta era parte central del esfuerzo de aprender. Había que buscarla, recordarla, relacionarla con otras ideas, preguntarle a alguien.


Hoy podemos abrir una herramienta de inteligencia artificial y obtener una respuesta razonablemente buena en segundos. Y no una sola: podemos pedir otra explicación, un ejemplo, una síntesis, una analogía, una versión más simple o una más profunda.

Estamos entrando, de alguna manera, en una época de inflación de respuestas correctas.

Y cuando algo se vuelve abundante, cambia el valor de aquello que es escaso. Si conseguir una respuesta es cada vez más fácil, aprender ya no puede consistir principalmente en tener respuestas.


Importa saber qué preguntar, tener criterio para decidir si una respuesta tiene sentido y resolver problemas de manera creativa. Se revaloriza la capacidad de reconocer lo que no sabemos, contrastar información, cambiar de opinión, conectar ideas, colaborar con otros y tomar decisiones frente a la incertidumbre.


Importa, quizás más que nunca, aprender a aprender.

Esto nos resulta especialmente cercano en Eidos.

Hace algunos años, junto a UNESCO, nos preguntamos cuáles serían las capacidades necesarias para construir nuestros futuros. Hablamos entonces de pensamiento crítico, creatividad, colaboración, empatía, comunicación, resiliencia, alfabetización digital y aprendizaje continuo, entre otras.

La llegada de la inteligencia artificial no vuelve menos relevantes esas capacidades. Al contrario: las revaloriza. Y nos obliga a sumar nuevas preguntas: ¿qué vale la pena delegar a una inteligencia artificial? ¿Qué capacidades deberíamos preservar y fortalecer precisamente porque existe? ¿Cómo enseñamos a utilizar estas herramientas sin dejar de ejercitar el pensamiento que queremos desarrollar?


Conferencia de Microsoft Education
“One Global Classroom”, una sesión interactiva liderada por Pat Yongpradit, de Microsoft, durante la Digital Learning Week 2026 de UNESCO

La promesa de una educación mucho más personalizada


Al mismo tiempo, sería un error mirar este cambio solamente desde sus riesgos. La oportunidad es enorme.

Por primera vez tenemos herramientas capaces de acompañar a una persona a una escala difícil de imaginar hasta hace muy poco: explicar un concepto de distintas maneras, adaptar una conversación a su ritmo, ofrecer feedback inmediato y estar disponibles cuando aparece una duda.

Para sistemas educativos que durante décadas tuvieron que elegir entre personalización y escala, esto puede cambiar muchas cosas. Y para quienes trabajamos intentando ampliar el acceso a oportunidades educativas de calidad, esa posibilidad es extraordinaria.

Pero durante la semana volvimos una y otra vez sobre una distinción que considero que para Eidos es fundamental:

Personalizar una respuesta no es lo mismo que transformar un aprendizaje.


Aprender sigue siendo una experiencia profundamente humana.

Aprendemos cuando algo nos despierta curiosidad. Cuando nos equivocamos y volvemos a intentar. Cuando una pregunta nos obliga a pensar un poco más. Cuando alguien confía en que podemos avanzar. Cuando sentimos que pertenecemos a una comunidad. Cuando aquello que estamos aprendiendo empieza a modificar lo que creemos posible hacer.


Por eso, nuestra pregunta frente a la inteligencia artificial no es cuánto podemos automatizar o personalizar, sino dónde debería estar la IA dentro de una experiencia de aprendizaje para ayudarnos a aprender mejor.

Esa pregunta ya está transformando la manera en que diseñamos en Eidos.


En MentorIA, por ejemplo, venimos explorando una lógica deliberadamente diferente: un tutor basado en IA que, en lugar de entregar inmediatamente la respuesta, acompaña a través de preguntas, pistas y reflexión.

No porque dar la respuesta sea técnicamente difícil. Justamente porque ahora es demasiado fácil.


Y, con nuestras Learning Communities, seguimos trabajando sobre la otra cara del problema: aquello que ninguna personalización algorítmica reemplaza por completo. La pertenencia, la colaboración y el vínculo con otras personas que están atravesando el mismo proceso.

Nuestra hipótesis se vuelve cada vez más clara:

La tecnología puede potenciar enormemente el aprendizaje, siempre que la pedagogía siga decidiendo para qué y cómo la usamos.


De las grandes conversaciones de la Digital Learning Week a lo que sucede en una comunidad


Hubo otra idea que fue tomando fuerza a medida que avanzaba la semana en París.

Tenemos cada vez mejores marcos y herramientas. Más investigación. Más organizaciones pensando cómo incorporar inteligencia artificial a la educación.

El desafío empieza cuando todo eso tiene que aterrizar.


Porque eventualmente un marco global se encuentra con una docente que tiene poco tiempo; una plataforma se encuentra con alguien que está aprendiendo desde un celular.

Una estrategia de inteligencia artificial se encuentra con una comunidad con baja alfabetización digital; o una innovación diseñada en un contexto se encuentra con otro idioma, otra cultura y otras condiciones de conectividad.


Y por sobre todo, una promesa de transformación se encuentra con una persona que simplemente quiere saber si aquello que está aprendiendo le va a permitir construir una vida mejor.


Ahí empieza otra parte del trabajo.


Durante la Digital Learning Week tuvimos la oportunidad de participar de conversaciones sobre la transformación digital de los sistemas educativos, incluyendo el trabajo de la Global Education Coalition y su Digital Transformation Collaborative.

En uno de los talleres apareció una cuestión particularmente relevante: podemos tener una estrategia global sólida, instituciones alineadas y objetivos compartidos, y aun así existir una distancia enorme entre esa estrategia y lo que finalmente sucede con educadores y estudiantes.

Una buena idea no genera impacto simplemente por existir. Necesita ser traducida, adaptada, implementada y medida. Y, muchas veces, rediseñada cuando se encuentra con la realidad.

Eidos en Unesco
Joaquin Varela da Silva, Marketing & PR Lead de Eidos, en la Digital Learning Week (Paris).

El lugar que queremos ocupar


Quizás esa fue una de las convicciones más fuertes con las que volví de París.

Durante 18 años de trayectoria, Eidos ha generado gran impacto en ese lugar.


Con jóvenes que están intentando ingresar al mercado laboral, con mujeres acercándose a STEM, con personas migrantes y comunidades que se moldean en torno a la experiencia de aprendizaje.


Junto a trabajadores atravesando transiciones, con adultos que vuelven a aprender (o, mejor dicho, que nunca dejan de aprender). Con docentes, facilitadores, empresas, gobiernos y organizaciones sociales.


Realidades distintas nos enseñaron una y otra vez que no alcanza con llevar una oportunidad educativa hasta una comunidad: hay que lograr que esa oportunidad funcione para esa comunidad.

Y creo que, en este nuevo momento, ese aprendizaje puede ser particularmente valioso.

(Vuelvo a la pluralidad). Queremos seguir construyendo puentes entre las organizaciones que están imaginando nuevos marcos, políticas y tecnologías, y las personas que finalmente tienen que convertir esas ideas en aprendizaje.

Ayudar a que las conversaciones globales lleguen a América Latina.


Pero también hacer el recorrido inverso: llevar a esas conversaciones globales lo que aprendemos cuando las ideas se encuentran con comunidades reales.


Llevar las ideas a la acción


Ninguna organización puede transformar la educación por sí sola. El desafío está en conectar conocimiento, tecnología, políticas y capacidad de implementación para que las buenas ideas se conviertan en mejores oportunidades de aprendizaje.

En Eidos queremos seguir aportando desde ese lugar: conectando organizaciones con comunidades, innovación con pedagogía y el potencial de la IA con experiencias de aprendizaje profundamente humanas.

Estamos frente a una gran oportunidad para que más personas aprendan mejor y estén preparadas para construir su futuro. Pero debemos tener convicción y deseo real de colaborar y llevar las ideas a la acción.


Si compartes esta misión y quieres explorar cómo podemos llevarla a la acción juntos, conversemos.






 
 
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