Alianzas estratégicas para el impacto social: Lo que nos dejó Impact Minds 2026


La última semana desde Eidos Global tuvimos la oportunidad de ser parte de Impact Minds 2026, organizado por Latimpacto en Manaos. Volvimos con varias ideas dando vueltas sobre qué significa construir alianzas estratégicas para el impacto social, cómo colaborar de verdad entre sectores y cómo saber si aquello que hacemos está generando la transformación que buscamos. Pero antes de profundizar en qué nos dejó, quizás conviene empezar por lo más básico: ¿de qué se trata?
Impact Minds es un encuentro que reúne durante varios días a fundaciones, empresas, organizaciones sociales e inversores de impacto de toda la región para compartir experiencias, discutir desafíos comunes y pensar nuevas formas de financiar y escalar soluciones sociales.
Aunque también podríamos explicarlo de una manera bastante más simple: es un encuentro de personas con ganas de que buenas ideas, propias y ajenas, lleguen más lejos. No necesariamente conectan todas de forma perfecta. Quizás justamente ahí está parte del valor.
Menos recursos, problemas igual de grandes
Una preocupación apareció una y otra vez en distintas conversaciones: hay menos recursos disponibles y los problemas que buscamos resolver no se hicieron más chicos.
Ese escenario obliga a preguntarnos no solamente qué hacemos, sino cómo decidimos dónde poner tiempo, recursos y capacidades.
En una de las mesas apareció una frase que se quedó con nosotros: “casarnos con el problema, no con la solución”.
Para quienes trabajamos en educación, esa idea tiene mucho sentido.
Es bastante fácil enamorarse de una propuesta didáctica que entusiasma, de una metodología, del formato de una plataforma o incluso del diseño completo de una trayectoria de aprendizaje. Todo eso importa. Pero ninguna de esas cosas constituye, por sí sola, una solución.
Antes del diseño está el problema.
¿Qué necesita realmente quien aprende? ¿Qué barreras encuentra? ¿Qué transformación estamos intentando generar? ¿Y cómo sabemos que aquello que diseñamos contribuye efectivamente a producirla?
Pasar del “qué lindo lo que armamos” al “¿a qué transformación real estamos aportando?” requiere dedicar mucho más tiempo a entender a las personas, sus contextos y los sistemas de los que forman parte.
Y eso cambia bastante la conversación.
Alianzas estratégicas para el impacto social: colaborar es más que hacer alianzas
Otra palabra que apareció constantemente durante Impact Minds fue colaboración. También hablamos mucho de sistemas.
Pero colaborar en serio es bastante más incómodo que simplemente “hacer alianzas”.
Colaborar implica, en algún momento, ceder protagonismo, compartir información y reconocer que otra organización puede hacer una parte del trabajo mejor que nosotros. También supone ser capaces de identificar cuál es el valor diferencial que sí tenemos para aportar.
Una empresa, un financiador, una agencia de gobierno, una comunidad y una organización social pueden estar observando exactamente el mismo problema desde lugares completamente distintos.
Lograr que trabajen juntos requiere bastante más que buenas intenciones.
Requiere creatividad, confianza y entendimiento. Preguntarnos qué piezas ya están, cuáles faltan, quién conoce mejor determinada dimensión del problema y cómo podemos construir una solución donde cada actor aporte aquello que sabe hacer mejor.
En desafíos complejos como los que atraviesan la educación, la empleabilidad o el desarrollo de habilidades, difícilmente una sola organización tenga todas las respuestas.
Quizás una parte importante del trabajo sea, justamente, construir mejores preguntas y encontrar mejores formas de responderlas en conjunto.
Hacer cosas buenas importa. Saber qué cambian, también
Hay una tercera conversación que probablemente gane todavía más relevancia en los próximos años: la del impacto.
Hacer cosas buenas recontra importa.
Pero poder entender y demostrar qué cambia gracias a esas cosas va a importar todavía más.
Para organizaciones, empresas, gobiernos y financiadores, eso significa conectar cada vez mejor las iniciativas con las transformaciones que buscan producir. No solamente medir actividad —cuántas personas participaron, cuántas horas de formación ofrecimos o cuántos programas pusimos en marcha— sino preguntarnos qué pasó después.
¿Qué cambió para las personas?
¿Qué aprendimos para diseñar cada vez mejores intervenciones?
¿Qué deberíamos hacer distinto?
¿Y qué evidencia necesitamos para decidir si una solución merece crecer, cambiar o incluso dejar lugar a otra mejor?
Son preguntas difíciles. Pero, en un contexto donde los recursos son más escasos y los desafíos siguen siendo enormes, probablemente también sean preguntas inevitables.
Volvemos con más preguntas y con ganas de seguir construyendo
Impact Minds 2026 nos dejó conversaciones, aprendizajes y nuevos imaginarios sobre cómo construir impacto en América Latina.
También reforzó algo que forma parte de cómo entendemos nuestro trabajo en Eidos: las soluciones que logran llegar más lejos rara vez se construyen en soledad.
Necesitamos organizaciones que conozcan profundamente los problemas, empresas dispuestas a poner capacidades al servicio de ellos, gobiernos con compromisos sostenidos a través del tiempo, financiadores que acompañen procesos de largo plazo y comunidades que participen activamente en el diseño de las respuestas.
Desde Eidos queremos seguir siendo parte de esas conversaciones y, sobre todo, de esas construcciones.
Gracias a Latimpacto, a su equipo y a cada colega con quien compartimos mesas, conversaciones, aprendizajes e ideas durante estos días en Manaos.
Y si desde tu organización, empresa o gobierno estás pensando cómo generar impacto a través de la educación, el desarrollo de habilidades o la empleabilidad, conversemos.
En Eidos trabajamos junto a organizaciones de distintos sectores para diseñar soluciones de aprendizaje capaces de traducir desafíos complejos en transformaciones concretas.


